La princesa piel de ratón
Un rey tenía tres hijas; quiso saber cuál lo quería más; las hizo venir ante sí y les preguntó. La mayor dijo que lo quería más que a todo el reino; la segunda, más que a todas las piedras preciosas y perlas del mundo; la tercera, empero, dijo que lo quería más que a la sal. El rey se enfureció de que comparara su amor por él con algo tan insignificante, la entregó a un criado y le ordenó llevarla al bosque y matarla. Cuando llegaron al bosque, la princesa rogó al criado por su vida; éste le era fiel y de todos modos no la habría matado; dijo también que quería irse con ella y hacer todo según sus órdenes. La princesa no pidió sino un vestido de piel de ratón, y cuando él se lo trajo, se envolvió en él y se fue. Fue derecho a la corte de un rey vecino, se hizo pasar por varón y pidió al rey que la tomara a su servicio. El rey lo concedió, y ella debía servirle: por la tarde tenía que quitarle las botas, que él le arrojaba cada vez a la cabeza. Una vez él preguntó de dónde era.
«Del país donde no se arrojan las botas a la cabeza de la gente». El rey se puso entonces atento; por fin los otros criados le trajeron un anillo: Piel de Ratón lo había perdido; era demasiado valioso, debía de haberlo robado. El rey hizo venir a Piel de Ratón y preguntó de dónde era el anillo; entonces Piel de Ratón ya no pudo ocultarse, se desenvolvió de la piel de ratón, sus cabellos rubios como el oro brotaron, y salió tan hermosa, tan hermosa, que el rey se quitó enseguida la corona de la cabeza y se la puso a ella, y la declaró su esposa.
A la boda fue invitado también el padre de Piel de Ratón, que creía que su hija hacía mucho que estaba muerta, y no la reconoció. En la mesa, empero, todos los platos que se le servían estaban sin sal; entonces se molestó y dijo: «¡Prefiero no vivir antes que comer tales platos!». Apenas dijo esta palabra, le dijo la reina: «Ahora no queréis vivir sin sal, y sin embargo una vez quisisteis haberme mandado matar porque dije que os quería más que a la sal». Entonces reconoció a su hija, y la besó, y le pidió perdón, y le era más querida que su reino y todas las piedras preciosas del mundo el haberla hallado de nuevo.