Volver a Historias

Historia · Romance

Mi mejor amiga

charly

#romance
Capítulo 1 — El peor lugar para enamorarse
La voz no está disponible en este navegador.

Capítulo 1 — El peor lugar para enamorarse

Mi mejor amiga

Capítulo 1 — El peor lugar para enamorarse

Hay muchas maneras de arruinar una amistad.

Mentir.

Olvidar un cumpleaños.

Prestar dinero.

Decir que una película es mala cuando claramente es una obra maestra.

Pero Mateo había encontrado una forma mucho más peligrosa.

Enamorarse de su mejor amiga.

Y lo peor era que llevaba haciéndolo durante tres años.

—¿Me estás escuchando?

Mateo levantó la mirada.

Frente a él estaba Valeria, sosteniendo dos vasos de café y mirándolo con una ceja levantada.

—Claro que te estoy escuchando.

—Entonces, ¿qué dije?

Mateo guardó silencio.

Valeria sonrió.

—Exacto.

Dejó uno de los vasos sobre la mesa y se sentó frente a él.

La cafetería estaba casi vacía. Afuera llovía y las gotas golpeaban contra los enormes ventanales que daban hacia la avenida.

Era uno de esos lugares pequeños escondidos entre edificios que nadie conocía, excepto estudiantes desesperados por encontrar café barato y parejas que querían discutir en público sin que nadie conocido las escuchara.

Mateo y Valeria pertenecían al primer grupo.

O eso pensaba Valeria.

—Te estaba diciendo que Sebastián me invitó a salir.

Mateo dejó de mover el popote de su bebida.

—Ah.

Valeria lo observó.

—¿"Ah"?

—Sí.

—¿Eso es todo?

—¿Qué quieres que diga?

Ella tomó un sorbo de café.

—No sé. Algo.

Mateo miró hacia la ventana.

—Pues… qué padre.

Valeria entrecerró los ojos.

—Eres pésimo fingiendo.

—¿Fingiendo qué?

—Que te cae bien Sebastián.

—No me cae mal.

—La semana pasada dijiste que tenía cara de contraseña olvidada.

Mateo intentó contener la risa.

—Eso no significa que me caiga mal.

—¿Entonces?

—Solo digo que si su cara fuera un correo electrónico, abajo tendría un botón que dice "recuperar cuenta".

Valeria soltó una carcajada.

Y ahí estaba otra vez.

Ese era el problema.

Cuando Valeria se reía, Mateo olvidaba todas las veces que se había prometido dejar de sentir cosas por ella.

Había intentado de todo.

Ignorarla.

Salir con otras chicas.

Convencerse de que solo eran amigos.

Incluso había escrito una lista con todas las razones por las que enamorarse de ella era una pésima idea.

La lista tenía diecisiete puntos.

El número dieciocho iba a ser:

"Se ríe demasiado bonito."

Pero decidió que escribir eso anulaba todo el propósito de la lista.

—Entonces —dijo Valeria—, ¿crees que debería aceptar?

Mateo volvió a la realidad.

—¿Aceptar qué?

—Salir con Sebastián.

Ah.

Eso.

El universo claramente lo odiaba.

—Pues… si quieres.

—No sé si quiero.

—Entonces no vayas.

Valeria apoyó el rostro sobre su mano.

—Pero tampoco quiero decirle que no sin darle una oportunidad.

Mateo asintió.

—Entonces ve.

—¿Ves? Por eso me gusta hablar contigo.

Mateo sintió que algo dentro de él se retorcía.

Valeria continuó:

—Siempre eres neutral.

Neutral.

Esa palabra dolía más de lo que debería.

Mateo sonrió.

—Es uno de mis talentos.

—También eres bueno dibujando.

—Dos talentos.

—Y haces buenos sándwiches.

—Tres talentos.

—Y eres un gran amigo.

Mateo bajó lentamente el vaso.

Ahí estaba.

La frase.

La famosa frase.

La frase que probablemente aparecería algún día escrita en su lápida.

Mateo Rodríguez.

2006–2087.

Fue un gran amigo.

—Gracias —respondió.

Valeria sonrió.

—No sé qué haría sin ti.

Mateo sí sabía qué haría él sin ella.

Probablemente tendría una vida emocional mucho más sencilla.

---

Cuando salieron de la cafetería, ya había dejado de llover.

Las calles seguían mojadas y las luces de los negocios se reflejaban sobre el pavimento.

Valeria caminaba saltando pequeños charcos mientras Mateo iba detrás de ella.

—¿Te acuerdas cuando nos conocimos? —preguntó ella.

—Sí.

—Yo no.

Mateo se detuvo.

—¿Cómo que no?

Valeria se rio.

—Bueno, sí me acuerdo. Pero quiero escuchar tu versión.

Mateo suspiró.

—Primer semestre. Salón 204. Llegaste veinte minutos tarde.

—Cinco minutos.

—Veinte.

—Ocho máximo.

—El profesor ya había pasado lista dos veces.

—Ese señor pasaba lista cada treinta segundos.

—Entraste corriendo, tropezaste con una mochila y casi tiraste mi mesa.

Valeria sonrió.

—Y tú me prestaste una pluma.

—Nunca me la devolviste.

—¿Sigues traumado por una pluma de hace tres años?

—Era una buena pluma.

Valeria sacó algo de su mochila.

Una pluma azul.

Se la entregó.

Mateo la miró sorprendido.

—¿Qué es esto?

—Tu compensación.

—¿Después de tres años?

—Con intereses.

Mateo tomó la pluma.

—Entonces ahora estamos a mano.

Valeria comenzó a caminar nuevamente.

—Jamás estaremos a mano. Tú me debes más cosas.

—¿Como qué?

Ella empezó a contar con los dedos.

—Un helado.

—¿Por qué?

—Perdiste una apuesta.

—Eso fue hace un año.

—Las deudas no expiran.

—¿Algo más?

—Una película.

—¿Qué película?

—La que prometiste ver conmigo.

—Nunca elegiste cuál.

Valeria se giró hacia él mientras caminaba de espaldas.

—Y también me debes una cena.

Mateo levantó las cejas.

—Eso ya parece cita.

Valeria se detuvo.

Durante un segundo no dijo nada.

Mateo sintió que acababa de cruzar una línea invisible.

Una línea que llevaba tres años evitando.

Pero entonces ella sonrió.

—¿Tú conmigo?

Mateo tragó saliva.

—¿Qué tiene?

Valeria soltó una pequeña risa.

—Nada.

Continuó caminando.

—Solo sería raro.

Mateo se quedó quieto.

—¿Raro?

Valeria volvió a mirarlo.

—Sí.

Se acercó y le dio un pequeño golpe en el hombro.

—Eres como mi hermano.

Mateo sintió cómo su alma abandonaba lentamente su cuerpo.

Primero "gran amigo".

Ahora "hermano".

El universo definitivamente estaba tratando de decirle algo.

---

Esa noche, Mateo estaba acostado en su cama mirando el techo.

Su celular vibró.

Valeria

Abrió el mensaje.

Mañana salgo con Sebastián.

Mateo escribió:

Qué bien.

Lo borró.

Escribió:

Diviértete.

Lo borró también.

Después escribió:

👍

Se quedó mirando el mensaje.

—Patético —murmuró.

Su celular volvió a vibrar.

Pero tengo un problema.

Mateo respondió inmediatamente.

¿Qué pasó?

Valeria tardó varios segundos.

No sé qué ponerme.

Mateo dejó caer el celular sobre su cara.

—Auch.

Otra vibración.

¿Puedes ayudarme?

Mateo miró el techo.

Claro.

Por supuesto.

No solamente iba a ayudar a la chica que le gustaba a salir con otro.

También iba a escoger la ropa.

Perfecto.

Tomó el teléfono.

Va.

La respuesta llegó casi inmediatamente.

Sabía que podía contar contigo ❤️

Mateo observó el pequeño corazón rojo.

Sabía perfectamente que no significaba nada.

Valeria mandaba corazones hasta cuando alguien le prestaba una calculadora.

Pero el cerebro humano era una criatura estúpida.

Y el corazón de Mateo era todavía peor.

Sonrió.

—Idiota.

Dejó el celular a un lado.

Entonces recibió otro mensaje.

Pero esta vez no era Valeria.

Era su amigo Bruno.

¿Ya le dijiste?

Mateo respondió:

No.

Bruno escribió:

Mateo.
Llevas 3 años diciendo "mañana".

Mateo cerró los ojos.

Después miró nuevamente la conversación con Valeria.

Sabía que podía contar contigo ❤️

Suspiró.

Quizá Bruno tenía razón.

Quizá algún día tendría que decirlo.

Pero ese día definitivamente no sería mañana.

Porque mañana…

Valeria tenía una cita.

Con alguien más.

---

Mientras tanto…

A varios kilómetros de distancia, Valeria estaba sentada frente a su espejo.

Había tres blusas sobre la cama.

Su hermana menor apareció en la puerta.

—¿Vas a salir?

—Sí.

—¿Con Mateo?

Valeria negó con la cabeza.

—Con Sebastián.

Su hermana levantó una ceja.

—Ah.

Valeria giró lentamente.

—¿Qué significa ese "ah"?

—Nada.

—Camila.

—Nada.

Camila comenzó a alejarse.

—¡Camila!

La chica regresó.

—Solo pensé que algún día ibas a salir con Mateo.

Valeria soltó una carcajada.

—¿Con Mateo?

—Sí.

—No.

—¿Por qué no?

Valeria tomó una de las blusas.

—Porque es Mateo.

Camila esperó.

—¿Y?

Valeria se quedó pensando.

—Es mi mejor amigo.

—Eso no responde la pregunta.

Valeria miró su reflejo en el espejo.

Por primera vez en mucho tiempo no tuvo una respuesta inmediata.

Camila sonrió.

—Buenas noches.

—Cállate.

La puerta se cerró.

Valeria volvió a mirar las tres blusas.

Después tomó su celular.

Abrió la conversación con Mateo.

Observó el último mensaje durante unos segundos.

Y escribió:

¿Seguro que mañana no tienes nada que hacer?

Lo borró.

Dejó el teléfono sobre la cama.

—Es Mateo —dijo para sí misma.

Como si repetirlo fuera suficiente para explicar todo.

Afuera comenzó a llover nuevamente.

Y ninguno de los dos sabía que aquella cita cambiaría su amistad para siempre.

Continuará…