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Portada de Las tres princesas negras

Cuento · Fantasía

Las tres princesas negras

Hermanos Grimm

Publicado por charly

Cuentos de la infancia y del hogar · Edición 1815 · Dominio público

El hijo de un pescador llega a una región habitada por tres princesas encantadas. Para ayudarlas, debe afrontar una extraña condición.

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Las tres princesas negras
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Las tres princesas negras

Las Indias Orientales estaban sitiadas por el enemigo; éste no quería abandonar la ciudad hasta tener 600 táleros. Entonces hicieron pregonar al son de tambor que quien pudiera conseguirlos sería alcalde. Había un pobre pescador que pescaba en el mar con su hijo; entonces vino el enemigo y se llevó prisionero al hijo y le dio por él 600 táleros. El padre fue y se los entregó a los señores de la ciudad, y el enemigo se retiró, y el pescador fue hecho alcalde. Entonces se pregonó que quien no dijera «señor alcalde» sería ajusticiado en la horca.

El hijo se escapó de las manos del enemigo y llegó a un gran bosque, sobre una alta montaña; la montaña se abrió, y él entró en un gran castillo encantado, donde sillas, mesas y bancos estaban todos cubiertos de negro. Entonces vinieron tres princesas vestidas completamente de negro, que sólo tenían un poquito de blanco en el rostro; le dijeron que no tuviera miedo, que no le harían nada, que él podía redimirlas. Él dijo que sí, que lo haría gustoso, si supiera cómo había de hacerlo. Entonces le dijeron que durante todo un año no debía hablar con ninguna persona, ni tampoco mirarlas a ellas; lo que quisiera tener, que se lo dijera, y si les estuviera permitido responder, se lo darían. Cuando hubo estado allí algún tiempo, dijo que quería ir a ver a su padre; ellas dijeron que lo hiciera: que tomara esta bolsa con dinero, se pusiera estos vestidos y en ocho días tenía que estar de vuelta.

Entonces fue levantado por los aires y estuvo en las Indias Orientales; allí no pudo encontrar a su padre en la choza de pescador y preguntó a la gente adónde había ido a parar el pobre pescador; le dijeron que no debía decir eso, porque iría a la horca. Llegó donde su padre y dijo: «Pescador, ¿cómo habéis llegado a esto?». Respondió éste: «Eso no debéis decirlo; si los señores de la ciudad se enteran, iréis a la horca». Pero él no quiso dejarlo, y fue llevado a la horca; cuando llegó, dijo: «¡Oh, señores míos, dadme permiso para ir a la vieja choza de pescador!». Se puso su viejo traje, volvió a los señores y dijo: «¿No me reconocéis? ¿No soy el hijo de un pobre pescador? Con este traje he ganado el pan para mi padre y mi madre».

Entonces lo reconocieron, le pidieron perdón y lo llevaron a su casa; allí contó todo lo que le había ocurrido: que había llegado a un bosque, sobre una alta montaña, que la montaña se había abierto, que había entrado en un castillo encantado donde todo era negro y que habían venido tres princesas, negras, sólo con un poco de blanco en el rostro. Le habían dicho que no tuviera miedo, que él podía redimirlas. Entonces dijo su madre: «Eso quizá no sea bueno; tienes que llevar una vela bendita y dejar caer unas gotas de cera ardiente sobre su rostro».

Volvió allá, y tuvo miedo, y dejó caer cera ardiente en el rostro de ellas mientras dormían, y todas quedaron medio blancas; entonces saltaron las tres princesas y dijeron: «¡Maldito perro! Nuestra sangre clamará venganza contra ti. Ahora no hay en el mundo ningún hombre nacido, ni lo habrá, que pueda redimirnos. Todavía tenemos tres hermanos encadenados con cadenas de hierro: ésos te despedazarán». Entonces hubo un griterío por todo el castillo, y él saltó por la ventana y se rompió la pierna, y el castillo volvió a hundirse en la tierra, la montaña se cerró de nuevo y nadie supo dónde había estado.

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