La llave de oro
En tiempo de invierno, cuando había una nevada profunda, un pobre muchacho tuvo que salir a buscar leña en un trineo. Cuando la hubo reunido y cargado, como estaba helado, no quiso ir todavía a casa, sino encender primero fuego y calentarse un poco. Apartó la nieve, y mientras así despejaba el suelo, encontró una llavecita de oro. Entonces creyó que donde estaba la llave tenía que estar también la cerradura, cavó más y encontró un cofrecito de hierro. «¡Ojalá la llave encaje! —pensó—, pues seguro que dentro hay cosas maravillosas y preciosas». Buscó, pero no había agujero de llave; por fin encontró uno muy pequeño, probó, y la llave encajó justamente. Entonces la giró una vez, y ahora tenemos que esperar hasta que acabe de abrir y levante la tapa; entonces veremos qué hay dentro.