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Portada de Del ratoncito, el pajarito y la salchicha

Cuento · Fantasía

Del ratoncito, el pajarito y la salchicha

Hermanos Grimm

Publicado por charly

Cuentos de la infancia y del hogar · Edición 1812 · Dominio público

Un ratoncito, un pajarito y una salchicha mantienen una casa con tareas compartidas. Todo cambia cuando deciden alterar su organización.

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Del ratoncito, el pajarito y la salchicha
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Del ratoncito, el pajarito y la salchicha

Había una vez un ratoncito, un pajarito y una salchicha que se habían asociado, habían llevado una casa en común, habían vivido mucho tiempo bien y suntuosamente en paz y habían aumentado excelentemente sus bienes. El trabajo del pajarito era volar cada día al bosque y traer leña. La ratona debía acarrear agua, encender el fuego y poner la mesa. La salchicha, en cambio, debía cocinar.

¡A quien le va demasiado bien, siempre le entran ganas de cosas nuevas! Así, un día el pajarito se topó en el camino con otro pájaro, al que contó y elogió su excelente situación. Ese otro pájaro, sin embargo, lo llamó pobre diablo, que hacía el gran trabajo, mientras los otros dos en casa se daban buena vida. Pues cuando la ratona había encendido su fuego y acarreado agua, se retiraba a su cuartito a descansar hasta que le dijeran poner la mesa. La salchichita se quedaba junto a la olla, vigilaba que la comida cociera bien, y cuando ya era casi hora de comer, se enrollaba una vez por el puré o las verduras, con lo cual quedaba engrasada, salada y preparada. Luego venía el pajarito a casa y dejaba su carga; así se sentaban a la mesa, y después de la comida se echaban a dormir hasta hartarse hasta la mañana siguiente, y eso era una vida estupenda.

Al día siguiente el pajarito, por la instigación, ya no quiso ir al bosque, diciendo que ya había sido criado bastante tiempo y habría tenido que ser, por así decir, su tonto; que debían cambiar de turno y probar de otro modo. Y aunque la ratona lo pidió encarecidamente en contra, y también la salchicha, el pájaro fue sin embargo el amo: tenía que intentarse; jugaron, pues, a la suerte, y le tocó a la salchicha, que tuvo que traer leña; la ratona fue cocinera y el pájaro debía traer agua.

¿Qué ocurre? La salchichita se fue al bosque por leña, el pajarito encendió el fuego, la ratona puso la olla y esperaron solos hasta que la salchichita volviera a casa y trajera leña para el día siguiente. Pero la salchichita tardó tanto en el camino que a ambos les dio mala espina, y el pajarito voló un trecho a su encuentro. No lejos de allí encuentra a un perro en el camino, que había hallado a la pobre salchichita como botín libre, la había agarrado y matado. El pajarito se quejó mucho al perro de ello como de un robo manifiesto, pero no valió palabra alguna, pues dijo el perro que había hallado cartas falsas en la salchicha, y por eso ella había perdido la vida.

El pajarito, triste, tomó la leña y se fue a casa y contó lo que había visto y oído. Estaban muy afligidos, pero se pusieron de acuerdo en hacer lo mejor y en seguir juntos. Así, pues, el pajarito puso la mesa y la ratona preparó la comida y quiso servirla, y quiso, como antes la salchichita, deslizarse y arrastrarse por la olla y por las verduras para engrasarlas; pero antes de llegar al medio, fue detenida y tuvo que dejar piel y pelo y con ello la vida.

Cuando el pajarito vino y quiso servir la comida, no había cocinero. El pajarito, consternado, arrojó la leña de aquí para allá, llamó y buscó, pero ya no pudo encontrar a su cocinero. Por descuido el fuego prendió en la leña, de modo que se produjo un incendio; el pajarito se apresuró a traer agua, y entonces el cubo se le cayó al pozo, y él con él, de modo que ya no pudo recobrarse y tuvo que ahogarse allí.

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