Trina de Hans
Trina de Hans era perezosa y no quería hacer nada. Se dijo a sí misma: «¿Qué hago? ¿Como, o duermo, o trabajo? ¡Ay! Primero quiero comer». Cuando se hubo hartado de comer, dijo de nuevo: «¿Qué hago? ¿Trabajo o duermo? ¡Ay! Primero quiero dormir un poquito». Luego se acostó y durmió; y cuando despertaba, ya era de noche; entonces ya no podía salir a trabajar. Una vez Hans llegó a casa por la tarde y encontró otra vez a Trina acostada durmiendo en la alcoba; entonces sacó su cuchillo y le cortó la falda hasta las rodillas. Trina despertó y pensó: «Ahora quieres ir a trabajar». Pero cuando sale y ve que la falda es tan corta, se asusta, se confunde sobre si realmente es Trina, y se dice a sí misma: «¿Soy yo o no soy yo?». Pero no sabe qué responder a eso; queda un rato dudosa; al fin piensa: «Voy a ir a casa y preguntar si soy yo; ellos lo sabrán». Así vuelve, llama a la ventana y grita adentro: «¿Está dentro la Trina de Hans?».
Los otros responden como creen: «Sí, está acostada en la alcoba durmiendo». «Entonces no soy yo», dice Trina contenta, sale del pueblo y no vuelve; y Hans se libró de Trina.